Podría empezar diciendo que desde pequeña me ha gustado escribir, que he llenado cajones con relatos y que tengo mucha imaginación… y no sería mentira, pero es un topicazo.
La verdad es que fui una niña rara que jugaba con el diccionario a buscar palabras (ya… no había tablets).
Leía cuentos infantiles, leía las Rimas y Leyendas de Bécquer, los Cuentos de Calleja, La historia interminable fue leída unas 12 veces y Momo otras tantas, junto a cómics de Astérix, y cayó en mis manos El Perfume con trece años. Le siguieron El silencio de los Corderos y La hoguera de las Vanidades.
Y nadie me dijo: «Niña, no leas eso».
Acabo de darme cuenta de que esto de hacer repaso a lo que una ha leído es otro topicazo.
El caso es que aprendí un montón de palabras y eso me sirvió más adelante para ganar (casi siempre) al ahorcado, hacer crucigramas y poner palabras a las historias que me imaginaba.
Me tragaba todas las pelis de cine negro que emitían en TVE, la «Hora de Alfred Hitchcock», el programa de Jiménez del Oso (sí, amigos, soy de esa generación) y también los musicales, que mi padre y yo disfrutábamos juntos.
Heredé de mi madre el gusto por el dibujo, aunque con los años, he perdido mano.
Tengo mi Luna en Escorpio, y supongo que eso explica mi obsesión por lo oculto y por todo lo que escondemos bajo la superficie. Eso me llevó a robarle un tarot a mi progenitora y aprender a leerlo (no fui yo, fue mi luna, palabra).
Mi humor se nutrió muy fuerte entre Martes y Trece, Chiquito de la Calzada y los chistes horribles que contaba mi padre.
Así estoy.
Soy mujer de contrastes: Géminis de mente rápida con un ascendente Tauro que me convierte en una terca de cuidado.
Igual soy muy brasas con lo de la astrología, pero, de verdad, que a mí este rollo me ha ayudado a entenderme y reconciliarme conmigo misma.
Fui fan de las boy bands de los 80 y 90 (exacto, mi novela Five Men Alone bebe directamente de esa nostalgia), aunque después caté las mieles del rock y, ahora, mi jardín musical es enorme.
Me teñí el pelo sin necesidad por primera vez a los catorce y pasé por casi toda la carta de color. Casi. Nunca fui rubia del todo.
Ahora pinto canas y las luzco con orgullo. Jamás llevo tacones y solo me maquillo en ocasiones especiales. Hasta los cuarenta no tuve valor para tatuarme y hacerme un piercing en la nariz que deseaba desde los dieciséis.
Me encanta cocinar y, para ser sinceros, lo hago muy bien.
Coqueteé con el corte y confección (el diseño de moda es otra de mis pasiones) y se me dio mal. Fatal. Una crisis. De las gordas.
Pero me reencontré con la escritura.
My old good friend.
Y como (no sé si por suerte o por desgracia) me han pasado muchas cosas, he conocido a mucha gente y me fijo en todo… aquí estoy, escribiendo mientras lo combino con un trabajo en atención al cliente que, por ahora, se encarga de las facturas.
También me formé en narrativa y en corrección editorial (tarde, pero lo hice), porque respeto el oficio y quería aprender a contar historias de verdad, con estructura y pulso, no solo a juntar palabras.
Mi primera experiencia editorial fue con un proyecto precioso: Relatos felinos del Japón Eterno. Una antología ilustrada publicada por Carola Mía Ediciones de la que formo parte con mi relato «Yukiko».
Tras esa experiencia, decidí quedarme en la casa «Carolingia».
El amor y el respeto con el que Alejandra trata los libros me hizo sentir: aquí es.
Five Men Alone - El Caso Bremen: Mi primera novela. Un thriller psicológico donde vuelco mi amor por la música y la intriga policial, acompañada de una experiencia transmedia con banda sonora propia.
La escritura no descansa.
Actualmente, estoy inmersa en la planificación de mi segunda novela que también tendrá a Leya de la Fuente como investigadora principal (un Domestic Noir bastante crudo del que nadie saldrá indemne) y participo en la próxima antología Aullidos bajo la luna de plata (2026) con mi relato de terror psicológico «La jauría».
Estaba nerviosísima (es mi ópera prima, al fin y al cabo), pero tuve la suerte de estar arropada por Iván Mourín y Alejandra Arévalo, que lo hicieron todo fácil.
Más allá de la intriga y el noir, lo que predominó esa tarde en Barcelona fue el AMOR. Risas, bromas y abrazos sinceros de toda la gente que se acercó a acompañarme.
Como decía la gran Lina Morgan: Agradecida y emocionada, solamente puedo decir... gracias por venir.