El regreso de la boy band Five Men Alone a Barcelona prometía ser histórico: un concurso, cuatro ganadoras y una cena exclusiva con sus ídolos. Pero lo que empieza como el sueño de cualquier fan, termina convirtiéndose en una oscura investigación policial.
La cabo Leya de la Fuente deberá enfrentarse a un caso donde el brillo de los focos oculta una venganza que lleva décadas esperando su momento.
Podría empezar diciendo que desde pequeña me ha gustado escribir, que he llenado cajones con relatos y que tengo mucha imaginación… y no sería mentira, pero es un topicazo.
La verdad es que fui una niña rara que jugaba con el diccionario, que aprendió a leer el tarot y a la que nunca le dijeron «niña, no leas eso».
«Mi nombre es Yukiko. Fui una mujer, una amante, una víctima. Ahora, soy una bakeneko, una gata demonio que protege el umbral entre los vivos y los muertos».
Junto a ella, me adentro en el folklore japonés para contar una historia de amor, traición, venganza y sacrificio.
Una edición cuidada al detalle para los amantes de la fantasía atmosférica y, por supuesto, de los gatos.
«Siempre van a por alguien, Darío. Cuanto más huyas, más feroces se volverán. Y te darán caza».
En «La Jauría», utilizo el terror psicológico para explorar los límites de la cordura y el peso del pasado.
Un relato para quienes saben que el verdadero depredador, a veces, nos devuelve la mirada desde el espejo.
Una nueva edición, también ilustrada, donde 23 autores exploramos el mito de la luna y el lobo.
Todavía no le he puesto título, así que de momento es «La del Reloj», pero lo que sí empieza a tener es alma.
En 2021, una mujer se ahoga bajo el peso de las deudas y el aislamiento emocional. En 1921, un pianista intenta sobrevivir en un salón de varietés al yugo de un villano al que, lo confieso, adoro.
Tengo el Distrito V de Barcelona y pistolerismo. Tengo jazz y cuplés. Tengo gentrificación, gel hidroalcohólico y mascarillas. Tengo un reloj antiguo con una historia propia que dicta las reglas de los saltos en el tiempo.
Y sobre todo, tengo el Principio de Autoconsistencia de Nóvikov, que es cruel de narices: porque me sirve para demostrar que existe un amor capaz de atravesar un siglo... y que el universo mismo se encargará de que sea imposible.