Te seré sincera: no creé este disco pensando en el marketing, ni en hacer de esto una experiencia transmedia, ni en ser más original que nadie.
Lo hice por pura obsesión de escritora.
Mientras escribía la escena del concierto, tenía los diálogos, tenía la tensión y tenía los gritos del público… pero me faltaba lo más importante.
Me faltaban las voces.
Necesitaba saber cómo sonaba la garganta de Drake cuando se rompía en el escenario.
Me moría de curiosidad por saber como se escuchaba el tono bajo de Rob en el estómago. Sentir la piel de gallina con los tonos altos de Ethan y de cómo Alan empastaba todas las voces en una armonía tan única que rompió todas las listas de ventas a finales de los 90 (cuando eran cinco).
Escribir sobre música sin escucharla es como cocinar sin probar. Y yo, que soy una intensa, no podía quedarme con la duda.
La tecnología (Suno AI) me dio las herramientas que me faltaban como compositora, pero el alma se la puse yo.
Toda entera.
Mis gustos, mis experiencias, toda mi fanitud. Lo que empezó como un experimento para «ponerme en situación» mientras escribía, se me fue de las manos. De repente, las canciones que solo existían en mi cabeza empezaron a sonar en mis altavoces.
Y, joder, tenía que compartirlo.
El resultado es «See You Again», el disco real de una banda ficticia.
Esto no es música de fondo. Es el esqueleto de la novela.
Si te fijas, verás que los capítulos no son tal: son Pistas (Tracks). Las canciones del disco se llaman igual que los capítulos del libro. No es casualidad.
Cada momento clave de la trama tiene su propia canción, compuesta para sonar exactamente con la atmósfera que estás leyendo… O contrastar con ella.
¿Un secretillo?
Tengo los tres temazos que llevaron a Five Men Alone al estrellato a finales de los 90 en mi disco duro.