Necesitaba aire nuevo. Quería asomarme a otros géneros fuera del policíaco puro, así que me puse mis gafas del serca y busqué disparadores creativos. Encontré la imagen de un reloj (sí, esa que uso) y se me ocurrió toda una historia con saltos en el tiempo.
—¿Qué topicazo, no, Bárbara? —dijo el lector imaginario que estaba un poco mimimi ese día.
Pues sí. Es lo que tienen los relojes: sugieren tiempo. Y los viajes en el tiempo te llevan a la ciencia ficción o a la fantasía. Como no tenía cuerpo de física cuántica, pensé en la magia. Algo tipo Gabaldon, me dije. Puestos a experimentar...
—Pero escucha —insistió el tiquismiquis—, si saltas hacia atrás, tendrás que saber cómo eran las cosas. Mínimo rigor, por favor.
Y sí, hay que documentarse. No me libro. Vale, no pasa nada. Respira.
Abre Google y pon en el buscador: «Barcelona años 20».
¡La hostia!
Que a mi ciudad la llamaban «La Rosa de Fuego».
Que resulta que en los años 20, Barcelona era tan violenta como Chicago. Tan libertina como Berlín… y más anarquista que ninguna otra.
¿Y sabes qué, querido lector imaginario? Que estoy en llamas, literariamente hablando.
Cuanto más me sumerjo en los «alegres años 20» más me gusta la época y, bueno, pensaba hacer algo sencillito y romántico… Pero me he liao. Fuerte. Porque entre el jazz y el cuplé, me han aparecido el pistolerismo, el somatén, la coca por doquier y la bohemia, la explotación y la pobreza en el Distrito V.
Al final, resulta que da igual el siglo: me he vuelto a encontrar con esa oscuridad humana que tanto me llama. Solo que esta vez, el misterio lo custodia un reloj y el motor es un amor que desafía todas las leyes de la lógica.
Y, por si te lo preguntabas, el «Principio de autoconsistencia de Nóvikov» que nombro en la página de inicio, viene a decir que el pasado es inamovible.
Si viajas atrás para cambiar algo, el universo se las apañará para que tu viaje sea, precisamente, lo que cause que ese algo ocurra.
La probabilidad de alterar la historia es cero.
¿No te parece el mejor antagonista posible?
Resulta que se me da mejor la físca que la magia.
Una bilogía a cuatro manos con mi queridísima Alejandra Arévalo.
Una historia Young Adult que mezcla ciencia ficción, romance y misterio en un Madrid actual.
Estamos trabajando en el borrador, pero el universo visual ya tiene forma (sí, la portada llegó antes que el punto final porque somos unas enamoradas del grafismo).
La cabo Leya de la Fuente regresa.
Esta vez, el caso la llevará al barrio de Horta y a una familia que se enfrenta a la pérdida de uno de sus hijos.
Estado: Fase de investigación y planificación de la trama. (No os mentiré: está siendo muy duro, amigos).
Mi querida Fina: un poco bruja, un poco detective.
Un Cozy Noir de barrio.
Un descanso de la oscuridad pura para abrazar el misterio con aroma a café y cotilleos.
Un bar cualquiera. Un dueño amable. Precios de barrio.
Pero hay clientes que nunca regresan a casa.